Experto en sectas coercitivas

El concepto de secta ha evolucionado mucho en los últimos años. Hay que abandonar los viejos clichés que nada tienen que ver con la realidad actual. La clásica imagen esotérica de imaginar una secta compuesta por un grupo reducido de personas, vestidos con túnicas y que participan en ceremonias o rituales secretos, ha quedado obsoleto. Actualmente una secta puede adoptar casi cualquier forma, desde una empresa piramidal, grupo de crecimiento personal, terapias alternativas, en el ámbito deportivo o dietético. El término de secta coercitiva que se aborda aquí, se analiza desde una perspectiva vinculada a las relaciones abusivas y de control interpersonal que se produce en su seno y no por sus fines o contenido doctrinal.

No podemos determinar un perfil de base que defina a una víctima de las sectas, más bien existe una serie de factores que pueden actuar como precipitantes. Cuando un individuo esté sufriendo una enfermedad, depresión, la pérdida de un ser querido, tenga problemas económicos, los desastres naturales, etc, pueden hacer que una persona sea más vulnerable a la influencia y especialmente a las estrategias de persuasión y manipulación desarrolladas en los grupos abusivos.

Cabe señalar que estas prácticas, que en ocasiones se han denominado “lavado de cerebro” o “control mental”, no tienen nada de extraño, mágico o esotérico. Es más, gran parte de las prácticas utilizadas en los grupos abusivos pueden observarse en la mayoría de grupos humanos, aunque con un nivel de intensidad, frecuencia y sistematicidad mucho menor. Asimismo, se ha evidenciado que las prácticas abusivas aplicadas en las sectas tienen muchas semejanzas con las aplicadas en otros contextos, como en la violencia en la pareja o en el acoso laboral.

La sutileza que en ocasiones toman las estrategias de abuso psicológico en grupos hace que puedan pasar desapercibidas si no se dispone de la información apropiada para poder detectarlas. En este sentido, resulta necesario recibir atención profesional con conocimiento acerca de las conductas abusivas que pueden aplicarse en contextos grupales, para así poder identificarlas y diferenciarlas de otras dinámicas grupales.

Las personas que experimentan conductas abusivas en un contexto grupal de forma continuada precisan enfrentarse a un amplio abanico de amenazas, pérdidas y retos durante el proceso de transición que tiene lugar tras el abandono del grupo. Si su situación no les permite contar con los recursos personales necesarios para afrontar de forma adaptativa estas demandas, pueden sufrir elevados niveles de estrés y, en consecuencia, redundar en un agravamiento de los síntomas psicopatológicos. En este sentido, como profesional asesoro a exmiembros de grupos abusivos poniendo una especial atención en la demanda que hacen y en los recursos que tienen disponibles para afrontarlas.

En los años que llevo ejerciendo como profesional de la salúd mental, me he dado cuenta que no hay un conocimiento profundo en la comunidad de psicólogos sobre los movimientos sectarios como fenómeno social. Algunos de los síntomas que pueden manifestar los exmiembros de grupos abusivos pueden ser ansiedad, estrés, depresión, despersonalización, ideas suicidas, disociación, todo ello relacionado con la causa nuclear de pertenencia o haber estado vinculado a un grupo coercitivo.

Mi experiencia personal y profesional me ha permitido vivir y experimentar en primera persona muchas de las secuelas de permanecer durante años en una secta u organización coercitiva. Abandonar una secta puede implicar luchar con la culpa, el ostracismo, el rechazo de quienes compartían contigo ese vínculo, pero también puede significar recuperar el pensamiento crítico, reinventarse, tomar el control de tu propia vida y contemplarte con dignidad, todo ello se puede alcanzar, si ese es tu deseo.

Nos movemos en un paradigma de cambio constante, aceptar que estamos evolucionando es abrir las puertas al autoconocimiento y descubrir nuestra esencia vital.